Cada año organizamos unas pocas travesías que son diferentes al resto. No por la ruta, ni por el barco, sino por lo que significa para las personas que vienen. Las lunas de miel en velero son esas travesías.
Hay algo en la escala de un velero que es perfecta para una luna de miel. No es un crucero de mil pasajeros donde os perdéis entre la multitud. No es un resort donde cada día se parece al anterior. Es un espacio íntimo, con capacidad para dos, que se mueve según el viento y que cada día amanece en un sitio diferente.
Por qué el velero funciona como luna de miel
La respuesta tiene que ver con el tiempo. En un velero, el tiempo cambia. Va más despacio. Las mañanas empiezan cuando vosotros queréis, no cuando el hotel sirve el desayuno. Los días no tienen programa fijo: si la cala es perfecta, os quedáis. Si el viento está bien y da ganas de navegar, navegáis. Si queréis estar en silencio viendo el atardecer durante una hora, nadie os molesta.
Ese ritmo, que es exactamente el contrario del ritmo de una boda y sus semanas previas, es lo que hace que la luna de miel en velero sea tan recuperadora. Muchas parejas nos dicen que es la primera vez en meses que sienten que el tiempo es suyo.
La ruta más elegida: Valencia – Ibiza – Formentera
Para las lunas de miel pedimos la ruta de una semana completa entre Valencia y las Pitiusas. Es la que más tiempo libre da y la que permite una variedad de experiencias mayor.
La travesía de ida suele hacerse de noche: zarpar de Valencia al atardecer, navegar de noche con el cielo estrellado, llegar a amanecer a Ibiza o Formentera. Ese primer amanecer en las Baleares, después de una noche de navegación, es un momento que ninguna de las parejas olvida.
Los días siguientes se mueven entre las dos islas buscando:
- Fondeos en calas solo accesibles por mar — agua turquesa, posidonia en el fondo, silencio.
- Noches en Ibiza town — si el grupo quiere salir a cenar o ver la ciudad.
- Navegación de día entre islas — uno de los tramos más bonitos del Mediterráneo occidental.
- La vuelta navegando con viento de popa — si las condiciones acompañan, una de las mejores navegaciones de la ruta.
Qué preparamos para que sea especial
Para las lunas de miel hay detalles que cambian respecto a una salida estándar:
- Camarote principal preparado — ropa de cama de calidad, toallas extras, ambiente.
- Botella de champán a bordo — para el momento que queráis.
- Cenas especiales a bordo — el patrón cocina con producto fresco. Lo coordinamos con vosotros antes de salir.
- Horarios completamente a vuestra disposición — si queréis zarpar tarde, nos quedamos en puerto hasta mediodía. Si queréis madrugar, madrugamos.
- Discreción total — el patrón respeta el espacio de la pareja. Está para navegar y para lo que necesitéis, no para estar presente todo el tiempo.
¿Es necesaria experiencia previa?
No. Absolutamente ninguna. El patrón se ocupa de toda la navegación. Vosotros podéis participar tanto como queráis — desde aprender a llevar el timón hasta no tocar nada y simplemente disfrutar del viaje. No hay expectativa de que hagáis nada que no queráis hacer.
Lo que sí recomendamos: tomar el medicamento para el mareo antes de la primera travesía larga (Valencia – Baleares), especialmente si ninguno de los dos tiene experiencia en alta mar. Es una precaución simple que garantiza que el primer día sea placentero desde el minuto uno.
Cuándo es la mejor época para la luna de miel en velero
La mayoría de lunas de miel que organizamos son en junio, julio y septiembre. Junio y septiembre son especialmente buenos: el Mediterráneo tiene menos tráfico de embarcaciones, los fondeos están más tranquilos y las temperaturas son perfectas tanto en cubierta como en el agua.
Agosto es precioso pero más concurrido. Para quienes buscan mayor intimidad y soledad en los fondeos, junio o septiembre son la elección correcta.
El momento que más recuerdan las parejas
Hemos organizado suficientes lunas de miel como para reconocer un patrón. El momento que más recuerdan no suele ser el más planificado. No es la cena especial ni la botella de champán. Suele ser algo así: amaneciendo, solos en una cala, con el agua completamente quieta y la luz del alba haciendo el mar de color rosa. Sin nadie más. En silencio. Pensando que esto era exactamente lo que necesitaban.
Eso es lo que puede dar un velero que ningún hotel del mundo puede replicar: la soledad de calidad, el silencio genuino, y la sensación de que el Mediterráneo existe solo para vosotros durante esa semana.
"La soledad de calidad, el silencio genuino, y la sensación de que el Mediterráneo existe solo para vosotros."
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